13 abr. 2009

Testimonio de un Guardia de Guantanamo que abrazo el Islam

entrevista a terry holdbrooks
“El islam me salvó”, asegura el soldado que se hizo musulmán en Guantánamo
Desde su mezquita en Phoenix, el ex militar que custodiaba a los detenidos en la base que Estados Unidos tiene en Cuba confesó que “hay quienes sólo quieren ver terrorismo en el islam”, cuando se trata de “una religión de paz y perdón”. El joven se convirtió luego de escuchar al marroquí Ahmed Errachidi, bautizado “el General” por su poder de disuasión. “No fue tanto lo que me enseñó como las preguntas que me despertó”, confesó a PERFIL.
Por Mariano Beldyk

Por Ala. Holdbrooks dejó el ejército para predicar en una mezquita.
Moisés vagó por el desierto para descubrir su destino ante una zarza ardiente. Mahoma halló su propio camino muy lejos del mundo, en una cueva del Monte Hira. Terry Holdbrooks descubrió su fe en la prisión de Guantánamo, custodiando a los “combatientes enemigos” que el gobierno del ex presidente George W. Bush recluía en un agujero legal. Ellos le enseñaron que no todo era como la Casa Blanca decía.

Hoy se sigue apodando TJ aunque su fe musulmana le brindó un nuevo nombre: Mustafa Abdullah. Ya no integra el ejército del cual fue dado de baja cuando sus superiores descubrieron su relación con los detenidos que debía vigilar. Y las armas ya no forman parte de su vida: en lugar de eso, profesa el Corán desde una mezquita de Phoenix donde PERFIL lo contactó.

“Siempre desprecié a George W. Bush y a las políticas que llevó a cabo su gobierno. No me hizo falta el islam para descubrir que nos conducía a todos directo al abismo”, sostuvo su voz, pausada y amigable, con sus escasos 25 años. Holdbrooks vive en la misma ciudad en la que nació y a la cual regresó tras su paso por la base militar que Estados Unidos tiene en Cuba. Sus calles aún lo remiten a una infancia dura con sus padres divorciados y su vuelco a los excesos, la bebida y la violencia. Entonces, la religión no formaba parte de sus prioridades.

“Honestamente, la ‘guerra contra el terror’ no significaba nada para mí. Muchos me tildaban de sociópata porque el 11 de septiembre no me inquietó en lo absoluto”, reveló Holdbrooks. ¿Y por qué entonces se sumó al ejército? “Hubo un momento, en esos años, que tomé conciencia de que necesitaba encarrilar mi vida. Sabía que habría fallas y corrupción en el ejército pero estaba convencido de que no tenía que formar parte de eso. Simplemente, vi una oportunidad”, respondió.

Corría 2003 y la lucha de Bush contra el terrorismo internacional estaba en su apogeo cuando su sargento le notificó que sería destinado a Guantánamo. “No sabía bien lo que sucedía allá ni me imaginaba con lo que me podía encontrar. Nos hablaban de terroristas, de enemigos, pero jamás nos enseñaron cómo lidiar con una cultura totalmente diferente”, narró Holdbrooks a PERFIL.

Decididamente, nada podía prepararlo para lo que iba a descubrir: cientos de prisioneros anónimos, pasillos interminables que patrullar, los gritos de las torturas y la culpa que aún hoy subsiste en su interior.

Se advierte en el quiebre de su voz cuando PERFIL le recuerda esos momentos: “Solo éramos custodios. No nos informaban de los métodos que utilizaban para obtener información de los detenidos, aunque se sabía. Se suponía que estábamos haciendo nuestro trabajo. Para eso nos habían preparado. Y aunque hubiéramos querido enfrentarlo, no teníamos la potestad para hacerlo. Realmente me siento muy mal por eso, aún sueño con Guantánamo”.

Fue uno de esos prisioneros quien cambió su vida para siempre. El Nº 590, un marroquí llamado Ahmed Errachidi bautizado “el General” por su poder de disuasión. Al comienzo, fueron sólo unas palabras de cortesía pero, con el correr del tiempo, sus charlas sobre política, cultura y religión comenzaron a extenderse en la complicidad de la noche.

“No fue tanto lo que él me enseñó como las preguntas y los pensamientos que despertaba en mí cuando lo escuchaba. Lo que mucha gente vería como una discusión eran interrogantes que me replanteaban muchas cosas que, hasta entonces, daba por seguras”, rememoró Holdbrooks. Y agregó: “Un don semejante requiere de gran inteligencia y así era ‘el General’. Fue una experiencia maravillosa, realmente luminosa”.

Holdbrooks pagó muy caro por su nueva amistad. En 2005 fue desplazado del ejército norteamericano y recayó en su vida errante, hasta que su renovada fe lo llevó a la mezquita de Phoenix en la cual hoy trabaja como consejero. “El islam completó mi historia. Hay quienes pretenden ver sólo terroristas pero es una religión de paz y perdón. A mí, me salvó la vida.”

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Esperanza que llega con Obama

De George W. Bush a Barack Obama algo ha cambiado en el sentir popular de Estados Unidos y el propio Terry Holdbrooks no lo deja pasar desapercibido durante la entrevista con PERFIL. “Creo que es posible que Obama inicie la reconciliación de Estados Unidos con el mundo del islam. Pero es un camino largo que tendrá que empezar con un diálogo en los altos niveles de los gobiernos, con gestos y acciones mutuas, pero que necesitará ser acompañado por profundas reformas a nivel cultural y en la educación”, sostuvo Holdbrooks.

Ayer, la CIA se distanció de los métodos vigentes durante la administración Bush cerrando las prisiones secretas y abandonando las prácticas de interrogatorio permitidas en los últimos años, según informó su director, Leon Panetta.

“La CIA ya no tiene prisiones secretas, tampoco ‘lugares ocultos’. Además cuenta con un plan para poner fuera de servicio los que aún existen”, se señaló en un comunicado difundido entre sus empleados

fuente:

http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0354/articulo.php?art=13752&ed=0354#sigue

No hay mejor testimonio que la verdad

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